viernes, 18 de abril de 2008

La lluvia purificadora

Hoy llueve en mi ciudad... es como si la lluvia no fuera tan importante, pero en mi ciudad es artículo de lujo... ya lo dice la frase "la lluvia en Sevilla es pura maravilla"... Estoy un poco incómoda, me he mojado un poco los pantalones.... ¿se mojarán los niños?... pienso en todo momento... ¡Qué respeto le tenemos aquí a la lluvia...!... Cuando venía para acá, escondida bajo mi paraguas pensaba en esa lluvia.. ese agua purificadora... esa lluvia que limpia el aire, las calles, las almas... en el olor que desprende el suelo cuando cesa la lluvia... el frescor... Cuando llueve y mi niño se asoma a la terraza siempre dice... ¡uhnnnnn,... que bien huele...!... le encantan los olores aún siendo tan chico... Cuando puedo le enseño como huele una rosa que asoma por los barrotes de una casa... o los macizos de jazmines que nos encontramos dando paseos... le enseño las amapolas del campo... las margaritas y los jaramagos que mágicamente brotan enormes donde ayer no había nada... Recuerdo que cuando era pequeña corría en el mismo campo entre el matorral de margaritas, y cogía flores blancas, amarillas... y jugaba al me quiere, no me quiere... mientras el sol calentaba mi cara.... ese sol imponente que no perdona.... Pero volviendo a la lluvia y al interior... la lluvia al mismo tiempo nos atemoriza y nos calma... parece como que barriera lo malo de nuestro interior, que nos incitara al recogimiento y a mirarnos por dentro para limpiar lo que nos sobra, lo que no tiene que estar ahí, los malos pensamientos... invita a la meditación, a criar lo positivo y a hacer crecer flores, margaritas y amapolas dentro de nosotros... Hoy dentro de mi hay miles de flores a las que la lluvia está apagando la sed...

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