La playa estaba preciosa. Corría una brisa muy agradable y la temperatura era altísima para tratarse del mes de enero. Era un día primaveral, la arena brillaba por blanca y tersa y el sol a esa hora caía sobre el mar de forma que en parte era azul y en parte plata. Mi niña se entrenía poniendo cara de sorpresa al encontrar entre la arena conchas de distintos colores y formas, se paraba en su dubitativo andar y las iba recogiendo mientras Mario jugaba al pilla pilla con las olas. Los dos estaban muy contentos y Él disfrutaba también al verlos a ellos sonreir. Mientras respirábamos el olor del mar y nos impregnábamos de su sal pensábamos en lo agradable que sería vivir junto a él, pero... tampoco importa tanto, estamos de él a un tiro de piedra. Deberíamos de ir más a menudo, decíamos, siempre decimos lo mismo, pero luego las ocupaciones, las obligaciones... pero tenemos que intentarlo. Qué tendrá el mar que eleva el espíritu, que hace que éste se funda con su azul, con su inmensidad... ¡es tan grande!..., será que nos vemos tan pequeños frente a él, que nos damos cuenta de los ínfimos que somos frente a la naturaleza y nos ayuda a aceptar la realidad y nos conforma... El mar da la paz, tranquiliza, alegra, perfuma... me gusta sentir el calor del sol pegado a la arena, la tersura de ésta, la alegría de los niños corriendo en la orilla, haciendo castillos de sol y de mar... Disfrutamos mucho, volveremos otro día...
Al hilo de esto soñé que teníamos una casita en la playa, cuando al fin llegamos entré en la casa y allí encontré al abuelo, cuando le ví me alegré mucho y me abracé a él, hundí mi cara en su pecho y olí su piel madura y estuve así un rato pegada a él, luego el me pidió algo, no recuerdo bien... había que preparar cosas, había una reunión familiar, llegaron primos y tíos, ¡qué mayores estaban! , eso sin pensar en que los años también habían pasado para mí. Yo les enseñaba a mis niños, tan bonitos... y disfruté mucho de ese momento, abrazada a todos ellos besándolos... Pero mi abuelo, hacía tanto que no lo encontraba... si me hubiera dado cuenta de que se trataba de un sueño... si lo hubiera sabido no lo hubiera dejado ir, hubiera charlado con él hora tras hora, lo hubiera besado todo el tiempo, le hubiera dicho todo lo que le quiero, todo lo que le echo de menos, que recuerdo su cariño especial, las historias que me contaba, sus enseñanzas, sus abrazos, sus cuidados, el amor especial que los abuelos sienten hacia sus nietos, él sólo veía en mí cosas lindas y decía que tenía nobleza... nobleza... cosas de abuelos... Me hacía sentir especial porque era especial para él.... Abuelo, hace tanto que te fuiste... me gustó verte esta noche.... Por favor, te espero más a menudo...
Al hilo de esto soñé que teníamos una casita en la playa, cuando al fin llegamos entré en la casa y allí encontré al abuelo, cuando le ví me alegré mucho y me abracé a él, hundí mi cara en su pecho y olí su piel madura y estuve así un rato pegada a él, luego el me pidió algo, no recuerdo bien... había que preparar cosas, había una reunión familiar, llegaron primos y tíos, ¡qué mayores estaban! , eso sin pensar en que los años también habían pasado para mí. Yo les enseñaba a mis niños, tan bonitos... y disfruté mucho de ese momento, abrazada a todos ellos besándolos... Pero mi abuelo, hacía tanto que no lo encontraba... si me hubiera dado cuenta de que se trataba de un sueño... si lo hubiera sabido no lo hubiera dejado ir, hubiera charlado con él hora tras hora, lo hubiera besado todo el tiempo, le hubiera dicho todo lo que le quiero, todo lo que le echo de menos, que recuerdo su cariño especial, las historias que me contaba, sus enseñanzas, sus abrazos, sus cuidados, el amor especial que los abuelos sienten hacia sus nietos, él sólo veía en mí cosas lindas y decía que tenía nobleza... nobleza... cosas de abuelos... Me hacía sentir especial porque era especial para él.... Abuelo, hace tanto que te fuiste... me gustó verte esta noche.... Por favor, te espero más a menudo...
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