jueves, 17 de enero de 2008

La nueva madre

Cuando mi hija de 16 meses se acercó a mí arrullando a su muñeca, cogió y le plantó un beso en la cabeza y haciendo ésto, me la puso en el regazo diciendo ¡nene, nene...!. ¡Y cómo siendo tan pequeña¡, ¿en qué momento siente la mujer la necesidad de ser madre?. Pienso que se trata de la herencia que nos viene desde hace miles de años, de cuando caminabamos a cuatro patas o de antes incluso... Ese beso de mi hija es la seguridad de que seguiremos existiendo, el placer que siente la mujer por abrazar a un pequeño nos da la vida, mi niña desde tan chica se está preparando ya para ser mamá... ¡qué preciosa¡... todavía no come sola, pero ya sabe querer a su muñeco, decir que tiene caca y mirarle el pañal, ¡que hacendosa!. Ser madre significa muchas cosas, quizás la naturaleza nos engañe para que cuidemos de nuestros hijos y nos hace volvernos locas de amor, aunque los hijos nos insulten, nos maltraten, nos desprecien... hasta donde llega el amor de la madre. Mi hija ya es madre al igual que yo y mi propia madre, todas madres, todas amantes y sufridoras, mi madre... tan fuerte y tan débil al mismo tiempo, me das todo todavía. Cada una de las arruguitas de tu cara son un disgusto que te di yo o mis hermanos, cada grieta de tus manos es la lucha por sacarnos adelante, las bolsas de tus ojos tus desvelos y tus canas todos y cada uno de los días en que te volcastes en nosotros, en darnos lo necesario para la vida y para el espíritu. Madre, sin tí no hubiera llegado a ningún sitio, sin saberlo tú, eres tan imprescindible en mi vida, mi refugio y mi consuelo aunque nada te contara... lástima que no pudimos ser amigas, quizás no fuera necesario porque como madre me has dado ejemplo y educación, amor y compañía y sobre todo saber que te tengo, que estás ahí para que te llame, para que te pregunte como estás, madre te quiero tanto, tanto... Quisiera que un día mi hija sintiera por mí lo mismo que yo siento, o tan siquiera una parte.

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