miércoles, 16 de enero de 2008

El perdón

Ayer mi hijo de tres años me pidió perdón. Me enfadé con él y le grité. El pobre se puso a llorar desconsolado, yo estaba tan cansada que lo ignoré y eso parece que le dolió. Cuando su padre le estaba bañando le confesó que no le gustaba que le gritaran. El padre le dijo: "tienes que ayudar a mamá, ella está muy cansada y tienes que ser bueno" a lo que él contestó: "papá, yo le voy a decir que me perdone y que la quiero mucho, pero se lo digo yo... no se lo vayas a decir tú". Y dicho y hecho cuando salió ya vestidito con su batita, tan gracioso, él vino a pedirme perdón y a decirme que me quería. Perdón... perdóname tu a mí criatura hermosa... por no besarte y quererte más, por estar todo el día ocupada y no poder dedicarte a ti todo mi tiempo. Te mereces que esté todo el día mirando tu hermosa cara, su pícara sonrisa, acariciándote, apretando tu carne de infante, tu dulce alegría, tu vocecilla melodiosa todo el día pidiendo: mamá, tengo hambre, mamá, quiero jugar, mamá, no me haces caso... Cuando te veo tan grande, con lo chico que eras... Cuando pienso en ti, siento un amor tan grande... a veces me vuelves loca, y otras también... loca de amor, de desear verte, de ver las tonterías que haces, tus monerías, la gracia con la que hablas y las cosas que dices. Hace tan poco y al mismo tiempo tanto que te pusieron sobre mi pecho, cansada yo y cansado de tu de separarnos, y me miraste con aquellos ojos como diciendo ¿y tu quien eres?... lo mismo que yo me preguntaba, y me pareciste feíllo, pero como en el cuento del "Patito feo" te has puesto tan hermoso... Cuanto tiempo ya juntos y cuanto tenemos por delante... Perdóname, pequeño, por gritarte... Mario, no lo volveré a hacer más... Te quiero, hijo.

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